martes, 5 de mayo de 2015

La importancia de observar con el alma

Caminamos los dos por el parque, observando cómo las plantas nos saludaban impulsadas por la brisa. Un señor pasea a su perro, risueño se acerca a nosotros y nos desea un buen día.
Hay momentos en los que la sencillez es tan compleja que puedes resumir un día entero con una sonrisa. Acostumbrados a acumular recuerdos con olor a plástico, hemos olvidado que las nubes no tienen olfato. Ellas guardan cuidadosamente en su interior un sin fin de historias verdaderas; no tienen espacio para la banalidad. Hemos olvidado que los relojes se inventaron para unirnos, y no para separarnos. Ya no somos capaces de ver nuestros reflejos en un charco de lluvia, en cambio, abrimos nuestros paraguas despreciando la magia de unas gotas que jamás volverán a existir. 
Sigo caminando con aquel pequeño principito, le enseño a respetar a los insectos que encontramos por el camino. Le muestro cómo las hojas de los árboles bailan, los bancos de madera en los que centenares de enamorados se dieron su primer beso. Aquel viejo gato que vaga de un lado a otro, sintiéndose ajeno a las pisadas de la gente.
-Mira, ese gato no lleva reloj-le digo.
Él sonríe, le acaricia una oreja, divertido.
Continuamos paseando, sabiendo que acabamos de alegrar el día a una nube. 





lunes, 4 de mayo de 2015

No.

Lárgate antes del último suspiro en tu oído. No dejes que nuestra despedida se convierta en una plaga de "te necesito" cayendo encima de nuestros cabellos rotos por el aroma del pecado. Deja que diga la última palabra, para dejar un sin fin de enigmas bajo tus sábanas. Rómpeme la mirada, estréllala contra la oscuridad de tus labios. No pites tu coche al verme marchar; no des la vuelta en la primera rotonda de tus latidos, déjalos latir mientras te largas. No me expliques la incoherencia de mis palabras, sé de sobra el por qué de mis gritos. Rodéame con esa canción que tanto me gusta, mándame a la mierda cuando estés a punto de caer; cuando ya no puedas quererme más, porque querer más no es posible. Vuelve para no tener que volver jamás. Déjame con mis miedos en la cuneta, encontraré el camino de vuelta si dejas cerca de mi la marca de tus pasos. No arranques esas rosas para mi, arranca mejor mi ropa. Las rosas necesitan permanecer junto a la raíz para poder vivir, en cambio, yo sólo vivo cuando desnudamos la noche juntos.
Pero vete para que tengamos un proyecto que mostrar a la eternidad. Tal vez nos conceda otra madrugada sin miedos si somos capaces de convencerla con el desgarro de nuestro desprecio. Desprecio ver tu espalda alejarse de mi pecho. Desprecio el asfalto frío por la ausencia de tus pies. Y te desprecio a ti, porque querer más de lo que te quiero, no es posible.


sábado, 2 de mayo de 2015

Va por ti.

Las nubes cortaban el paso a la esperanza, mirar al cielo siempre fue la respuesta a las preguntas sin respuesta. La luna parecía no tener problemas, al igual que el sol; eso le hacía sentir paz. 
Fue caminando por una llanura de recuerdos, deteniéndose en cada escaparate para ver una vez más los besos que un día perdió. Ya estaban vendidos, como todo lo que tuvo. Decidió apostar su vida por la muerte de un miedo; miedo que vendó sus ojos para entregarse al deseo. Perdió, y el miedo regresó, burlándose de ella, agarrándola por la espalda. 
Ya no recordaba el aroma de una sonrisa, ni el color de una caricia bajo la lluvia; ni el sonido de unos pasos que regresan. Sabía que sólo ella podía rescatarse, haciendo un arcoiris con las ruinas de un oscuro poema. Poema moribundo, que lucha por vivir sin vida, rescatando cada palabra inerte de sus entrañas, para crear versos de amor, o desamor. Para sentir la existencia de no existir. Para que todo se convierta en grito y lava; en silencio y escarcha. 
La conciencia pide ayuda mientras los sueños extienden una lona en su mente, impidiéndole despertar.
Ya no soy real, pero en una caja de cartón puedo crear el infinito. Los sueños me comunican que ya no habrá nubes que eclipsen mi mundo, pero tampoco habrá luna ni sol, no habrá paz, ni calma. No habrá preguntas, ni respuestas. Sólo quedo yo y un millón de escaparates que acuchillan a mi presente.
El caos pide paso, me muestra que también el dolor es bello. Él es infinito. La quietud siempre termina. Lo que no ha empezado a existir, nunca acaba, porque, nunca empieza, convirtiéndose en eternidad; en fachada y piedra; en ayer y mañana. En un para siempre y un nunca más.
Mi caja de cartón será mi cielo, jamás se cerrará.




miércoles, 29 de abril de 2015

Una melodía de piano en mis pesadillas.

No había salida. El laberinto de la desesperación reía a carcajadas al verme acorralada en un rincón, pegada a una pared repleta de palabras partidas en dos; frases incoherentes perfumadas con el aroma de la locura. 
Por más que intentaba salir, las garras insistentes del llanto tiraban de mi, sumergiéndome en un mar de lágrimas paralizantes. Yo no quería llorar. Reír era más fácil. Callar era más fácil. Incluso desaparecer era más sencillo. Estaba llegando al punto de no querer ser. ¿Qué sentido tenía existir en un mundo plagado de celdas? Sabía que ese laberinto era mi cárcel, o lo que es peor aún: mi hogar. Un hogar sin insecticida, demolido por los gritos de un deseo en blanco y negro. Un hogar donde ya no sé lo que es tinta y lo que es sangre, donde todo es pecado y mentira. Horror y verdad. 
Soy un personaje sin voz, tengo tan poco que decir que nadie se esforzó por poner rótulos a mis pensamientos. Nadie reservaría una butaca cerca del escenario de mis lamentos. Ni yo misma lo haría. 
¿Qué queda cuando el vacío es pleno? ¿Qué hacer con las manos cuando ni el silencio es capaz de mirarte a los ojos? 
Mi única compañera es la rabia. Con ella brindo cada noche.
Sigo sin encontrar la salida.
Romperme la garganta sería lo más reconfortable que podría pasarme en este instante. Sentir cómo mis cuerdas vocales estallan llenando la oscuridad con el dolor interno de sentirse vivo. 
Siento cómo mi mente se inunda poco a poco por las goteras del miedo. Espero que las cuevas de lo que un día sentí no tengan ninguna salida. Necesito recordar al menos que alguien amó mis errores con una bella sonrisa a cuestas. No quiero encontrar luz al final de esta noche. No puedo permitir que la frialdad de mi único recuerdo encuentre algo de calor. Debe mantenerse frío para pasar desapercibido ante el miedo. Ambos permaneceremos callados en este laberinto, abrazándonos, juntando su escarcha y la mía. Somos dos ruinas que jamás volverán a ser.
No hay salida.
Serviré una copa a la desesperanza. La rabia me da tregua esta vez. 


miércoles, 18 de febrero de 2015

.

El fracaso no me concedía tregua. Las noches bailando con el peligro se pagan caro. 
Estaba cansada de la resaca de palabras que cada mañana golpeaba mi cabeza. "Cállate" resonaba constantemente dentro de mi. "Un poquito más" contestaban mis manos.
Cuántas mentiras me inventé para evitar el dolor. Cuántas verdades se clavaron en mis pisadas.
Lo tienes todo bajo control hasta que actúas. Pasar a la acción significa descubrir cosas que nunca pensaste que podrían pasar.
Y no hace falta decir más. Buscas y encuentras un rato. No buscas y encuentras para toda la vida. 
No me importa pagar cada día por mis errores si sé que algún día rendiré cuentas contigo.
Mientras continuaré guardando imposibles en mi cama, lunas en mis sábanas. Me encontrarás con dos cervezas de más, tal vez, y veneno en la mirada. Morderé todos tus suspiros y seré lo más incorrecto que haya pasado por tu vida. Pero te quedarás. Siempre tendré la música a todo volumen y jamás peinaré mi cabello para dejar que se enrede con el tuyo.
Nunca una llama había durado tanto encendida. Podría fumar cada día de tus labios, no es mala idea. Toca una canción y deja que intimide a tus ganas. Vamos. 
Puede que arranque toda tu compostura con un beso de carmín. Espero que mis medias no duren intactas más de un pestañeo.
La acción nos tienta. 
Debo cerrar el libro.

viernes, 6 de febrero de 2015

Te doy mi pintalabios si me das esas tijeras. No, esas no, las afiladas. II

Trasteando por los periódicos oxidados de mi buen amigo JJ Jim, encontré esta carta, llena de tachones y letras desiguales. Estas palabras se han convertido en mi lectura obligatoria de cada día. No entiendo nada, pero de un modo u otro, es lo único que me identifica. Sí, un papel viejo y arrugado. Yo ya estoy arrugada por dentro, y algún día seré vieja por fuera, no es tan raro al fin y al cabo.

"Algunas personas no son especiales por lo mucho que las quieres, sino por lo mucho que te hacen odiarlas en los momentos en los que más las quieres.
Siempre tuve la sensación de tenerte a dos centímetros de mi aún cuando estabas a kilómetros de distancia. Puede que me pasase noches en vela cosiendo recuerdos para no permitirme olvidarte.
Ahí estabas tú, tan extraño, tan estúpido, esperándome sin entusiasmo aparente. Yo, ajena a ti, como siempre, te sonreí. Ajena a ti, impregnada de ti.
Sonó una canción, y luego otra. Y otra. Qué faena que te hagan escuchar canciones mientras miras a alguien a los ojos. En el primer estribillo te detesté por crear ese momento. Para la última estrofa ya sabía que jamás olvidaría ese instante. 
Me sacaba de quicio la facilidad con la que me robabas las palabras que guardaba para el día en el que ya todo diese igual. ¿Ya todo daba igual? Es decir, alguien que te empuja hacia el precipicio y te deja allí plantado durante años, no merecía nada. Mentira, merecía todo. Podría haber dado media vuelta e irme, tuve mil ocasiones, pero enseguida aparecías y me recordabas que el filo era mi sitio. No eras consciente de ello. Tampoco te lo dije. Imbécil.
Hablar del pasado se nos da bien a todos, es fácil. En fin, sólo tienes que citar un recuerdo tras otro, independientemente de lo dolorosos que puedan ser algunos. No, lo difícil no es hablar del pasado. Lo difícil es hablar de lo que nunca acaba porque nunca empieza. Un recuerdo sin cabeza ni piernas. Un recuerdo que sólo conserva un corazón deseoso de un camino que nos acerque, y unos ojos que nos unan.
Me acerqué a ti y ahí estabas. Qué idiotez, claro que estabas. Cuando algo es tan increíble que no lo crees, hasta la mayor obviedad es una maldita locura. No quería acercarme a ti, en mi precipicio me sentía segura, y tú me incitabas a saltar conforme ibas acercándote a mi. No tenías derecho. 
Me condenaste con sólo un beso y yo te condené a ti al no apartar tus labios de los míos. Pero no lo sabes. No sabes nada. 
Cogí mi chaqueta mientras me temblaba la mano con la que sujetaba mi cigarro a punto de consumirse del todo, dispuesta a desaparecer para siempre. Y no pude. Sólo quería que me dijeras que era idiota, pero convincente. Joder, debiste quitarme la chaqueta de nuevo y tirarla por la ventana. Habría sido la estupidez más bella del mundo.
Vaya, se me ha ocurrido algo."

Hay tanta verdad como mentira. Lo tengo claro, y eso la hace fascinante. Pienso descubrir quién se esconde detrás de esta carta.

lunes, 2 de febrero de 2015

Te doy mi pintalabios si me das esas tijeras. No, esas no, las afiladas.

Cafetería Wednesday, 09:18 am

Siempre vengo aquí a releer los viejos periódicos que el chiflado de James Jamie Jim dejó para mi. A ese tío nadie le quería, apestaba a licores baratos y a colillas mojadas, e igual por esa razón cada mañana me acercaba a la estación a verle. En cierto modo, yo le quería, y él me trataba como a una hija bastarda a la que no le quedaba más remedio que querer, por pesada.
El día en el que encontré esa pila de periódicos colapsando mi portal, supe que no volvería a verle jamás.
Desde entonces, vengo a esta cafetería sin ninguna intención y a la vez con todas. JJ Jim se evaporó un miércoles y, como mi madre siempre ha dicho que soy macabra y debo dejarla bien a cada paso que doy en mi vida, decidí venir a desayunar  a este lugar todos los días de la semana.
Me gusta el café muy dulce, las tortitas de Claire y el sirope de chocolate. Pero lo que más me gusta es recortar frases de los periódicos. Recorto anécdotas que ya nadie recuerda y sonrío al guardármelas en el bolsillo de mi abrigo, orgullosa de tener más recuerdos que todos los que me rodean.
Si acumulo mis recuerdos y los de estas páginas amarillentas, JJ Jim, nunca morirá. Bueno, al menos hasta que yo muera.
Porque estaba convencida que todas las historias que me contaba en aquella estación las sacaba de mi herencia. Él no tenía pasado, ni presente ni futuro, y por eso siempre reía de buena gana. Podía modificar su vida cada día y decidir si mañana sería piloto o panadero. Era todo. No era nada. Estaba sólo, pero sonreía. Y por ese motivo necesito recordarle.
Espero que nunca cierren este café. En parte me he encariñado con estas cuatro paredes. Aquí me siento segura, aún cuando todos me miran con recelo. Así debe sentirse mucha gente, me digo encogiéndome de hombros.
Sólo hablo con la gente que se equivoca al pronunciar mi nombre. Me parece divertido. Puede que mi madre tenga razón, nunca llegaré a nada en la vida. Ah, sí, al manicomio. Supongo que cuando llegue ese día hará una fiesta en casa por el simple hecho de tener razón en sus pronósticos. 
Que le den a las aspiraciones. Yo sólo quiero unas tijeras y chocolate, mucho chocolate. 
Mierda, llego tarde.